Sólo entonces soy.

En las dudas, en las ganas, en el desconcierto, en la incertidumbre. En el desorden de mi mente (que nadie puede ver).

Sólo entonces soy en la música, en la gente desordenada y gritando. En la muchedumbre de un recital.

Sólo entonces puedo ser quien ve a los que no ven.

En el silencio y en la tinta pienso y puedo, crear y modificar, lo que afuera nunca va a cambiar

Aunque a veces siento que no soy nada ahí también soy, en la desesperación, en la desesperanza, en la soledad que más de una vez se confunde con tristeza, ahí soy más que en todas las demás. Soy esto y mucho más.

Puedo ser lo que buscás cuando no encontrás, cuando no sabés, cuando no podes, suelo estar donde no ves, donde menos te imaginas. Soy invisible, estoy y no me ves, no me tocas pero me sentís, me sabes, me recordás.

Soy un recuerdo, una foto, un sueño, un pensamiento, soy dolor y tristeza, llanto y risa.

Soy lo que está, lo que se va, lo que viene, lo que no vuelve.

Soy lo que conoces y lo que no sabés.

No soy nadie, y soy todos.

Los que pasaron y se fueron, los que vinieron y nunca se van a ir.

no sé

El fantasma de la insuficiencia aparece siempre por acá, desde que te fuiste el hecho de encontrarme sola me tortura. Me quitaste lo único que disfrutaba de mí: mi soledad. Me abrazo las rodillas por las noches, sin vos, sin los sueños que teníamos. Me quedaron vacías las historias que quería contarte, las canciones que escuchábamos ya no dicen nada.

Desapareciste mi risa, mi cuerpo contento ante tus caricias. La lluvia golpea el techo, y acá abajo no estamos ni vos, ni yo. Nuestras manos no se encuentran bajo las sábanas, nuestros cuerpos no se hacen uno.

Recuerdo el último beso que me diste, me sabía desconocido. No encontraba nada familiar, ni tu lengua, ni tu saliva. Aún así no dije nada, pensé que tal vez si no lo mencionaba alargaría el ineludible adiós. Ese que llegó para hacerme entender que las personas después de conocer otras miserias se van. Que nunca te gustó lo complejo, y yo siempre lo fui.

Llegué a pensar que había sido necesario destruirnos para salvarnos. Era mi único y absurdo consuelo. Pensar que juntas nos destruiríamos.

Aunque la realidad me muestra que vos ya me destruiste hace mucho tiempo. Mi salud mental te agradece y te condena el haberte ido.

Hace algunos años aprendí que a la gente triste no se la deja sola, pero también entiendo tu necesidad de libertad (aunque la misma te haya obligado a hacerme pedazos, cenizas, a olvidarme por completo).

Todavía te busco mientras duermo, abrazo al aire. A veces duermo y sueño que descansas a mi lado. Me duele enfrentar una realidad en la que no estás.

Me aniquilaste, yo ya no quiero recordarte más.

Un día su corazón ya no pudo más.

Nadie sabe si murió de tristezas, rabia, bronca, dolor…

Vaya uno a saber con cuánto dolor cargaba, y cuánto miedo cargaría, mas con cuánta pena tendría que seguir lidiando si el pobre aún latiera.

Es difícil imaginar cómo se debe haber sentido. Toda su fuerza perduró hasta que él mismo dio por terminado el esfuerzo, pensó quizá que nunca sería suficiente o que ya habia bastado, sólo él y quien poseía ese enorme corazón sintieron más fuego que el mismo sol.

Y quemándose cada día un poco más se sostenían uno a otro, porque por más irónico que suene sus ganas de vivir superaban las de cualquiera en la tierra, pero claramente… Éste no era su lugar.

Y fue así que se apagó para siempre; pues él ya estaba muerto.

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