Sólo entonces soy.

En las dudas, en las ganas, en el desconcierto, en la incertidumbre. En el desorden de mi mente (que nadie puede ver).

Sólo entonces soy en la música, en la gente desordenada y gritando. En la muchedumbre de un recital.

Sólo entonces puedo ser quien ve a los que no ven.

En el silencio y en la tinta pienso y puedo, crear y modificar, lo que afuera nunca va a cambiar

Aunque a veces siento que no soy nada ahí también soy, en la desesperación, en la desesperanza, en la soledad que más de una vez se confunde con tristeza, ahí soy más que en todas las demás. Soy esto y mucho más.

Puedo ser lo que buscás cuando no encontrás, cuando no sabés, cuando no podes, suelo estar donde no ves, donde menos te imaginas. Soy invisible, estoy y no me ves, no me tocas pero me sentís, me sabes, me recordás.

Soy un recuerdo, una foto, un sueño, un pensamiento, soy dolor y tristeza, llanto y risa.

Soy lo que está, lo que se va, lo que viene, lo que no vuelve.

Soy lo que conoces y lo que no sabés.

No soy nadie, y soy todos.

Los que pasaron y se fueron, los que vinieron y nunca se van a ir.

Un día su corazón ya no pudo más.

Nadie sabe si murió de tristezas, rabia, bronca, dolor…

Vaya uno a saber con cuánto dolor cargaba, y cuánto miedo cargaría, mas con cuánta pena tendría que seguir lidiando si el pobre aún latiera.

Es difícil imaginar cómo se debe haber sentido. Toda su fuerza perduró hasta que él mismo dio por terminado el esfuerzo, pensó quizá que nunca sería suficiente o que ya habia bastado, sólo él y quien poseía ese enorme corazón sintieron más fuego que el mismo sol.

Y quemándose cada día un poco más se sostenían uno a otro, porque por más irónico que suene sus ganas de vivir superaban las de cualquiera en la tierra, pero claramente… Éste no era su lugar.

Y fue así que se apagó para siempre; pues él ya estaba muerto.

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