Ojalá vos sientas algo.

Hay noches que no me detengo a mirar la tierra. Pero la veo de reojo a lo largo del vacío, deambulando.

Su imágen se guarda en mí retina y cuando estoy a oscuras acá en la luna (casi nunca), puedo verla.

Hace tiempo me desconecté de mí tierra. No recuerdo la última vez que la habité.

Y si me pongo a pensar, pienso en vos. Quizás eras lo único que me conectaba con mi tierra.

Si me hubieras avisado… Que era(s) la última vez. Ahora extraño a mi tierra y no sé cómo volver.

Me perdí.

Sólo entonces soy.

En las dudas, en las ganas, en el desconcierto, en la incertidumbre. En el desorden de mi mente (que nadie puede ver).

Sólo entonces soy en la música, en la gente desordenada y gritando. En la muchedumbre de un recital.

Sólo entonces puedo ser quien ve a los que no ven.

En el silencio y en la tinta pienso y puedo, crear y modificar, lo que afuera nunca va a cambiar

Aunque a veces siento que no soy nada ahí también soy, en la desesperación, en la desesperanza, en la soledad que más de una vez se confunde con tristeza, ahí soy más que en todas las demás. Soy esto y mucho más.

Puedo ser lo que buscás cuando no encontrás, cuando no sabés, cuando no podes, suelo estar donde no ves, donde menos te imaginas. Soy invisible, estoy y no me ves, no me tocas pero me sentís, me sabes, me recordás.

Soy un recuerdo, una foto, un sueño, un pensamiento, soy dolor y tristeza, llanto y risa.

Soy lo que está, lo que se va, lo que viene, lo que no vuelve.

Soy lo que conoces y lo que no sabés.

No soy nadie, y soy todos.

Los que pasaron y se fueron, los que vinieron y nunca se van a ir.

no sé

El fantasma de la insuficiencia aparece siempre por acá, desde que te fuiste el hecho de encontrarme sola me tortura. Me quitaste lo único que disfrutaba de mí: mi soledad. Me abrazo las rodillas por las noches, sin vos, sin los sueños que teníamos. Me quedaron vacías las historias que quería contarte, las canciones que escuchábamos ya no dicen nada.

Desapareciste mi risa, mi cuerpo contento ante tus caricias. La lluvia golpea el techo, y acá abajo no estamos ni vos, ni yo. Nuestras manos no se encuentran bajo las sábanas, nuestros cuerpos no se hacen uno.

Recuerdo el último beso que me diste, me sabía desconocido. No encontraba nada familiar, ni tu lengua, ni tu saliva. Aún así no dije nada, pensé que tal vez si no lo mencionaba alargaría el ineludible adiós. Ese que llegó para hacerme entender que las personas después de conocer otras miserias se van. Que nunca te gustó lo complejo, y yo siempre lo fui.

Llegué a pensar que había sido necesario destruirnos para salvarnos. Era mi único y absurdo consuelo. Pensar que juntas nos destruiríamos.

Aunque la realidad me muestra que vos ya me destruiste hace mucho tiempo. Mi salud mental te agradece y te condena el haberte ido.

Hace algunos años aprendí que a la gente triste no se la deja sola, pero también entiendo tu necesidad de libertad (aunque la misma te haya obligado a hacerme pedazos, cenizas, a olvidarme por completo).

Todavía te busco mientras duermo, abrazo al aire. A veces duermo y sueño que descansas a mi lado. Me duele enfrentar una realidad en la que no estás.

Me aniquilaste, yo ya no quiero recordarte más.

El que se atrevió a decir que el tiempo todo lo cura, seguro no usaba o no tenía reloj.

Y entonces acá estoy, lavandome la cara diez veces por día, llorando de a ratitos para que mis ojos no me pesen más de lo que ya me pesa el corazón.

Sumergida en la estupidez de la internet que de vez en cuando me cruza con frases que me dicen que te olvide, que ya va a pasar y que yo puedo con todo.

Y acá estoy otra vez, intentando escribir algo bonito y decirme a mi misma que sí puedo. Y no, no puedo porque siempre termino pensándote, siempre hablando de vos.

Y me pongo a pensar en que tal vez tenías razón y yo no valgo nada. Y la verdad, parece que todos piensan como vos.
Y qué fácil lo hacen algunos, desechar personas como si nada les pasara.

El tiempo no lo va a curar, voy a ser yo. Cuando deje de pensar en vos y empiece por mí.

Esta vuelta va por mí.

No voy a cerrar ningún círculo, mejor dejarlo así, cuando deje de doler se cerrará solito.

Cuando deje de luchar (porque vos ya lo hiciste hace tiempo), será cuando se termine. Y ya ves que cada día voy soltando un poco más y dejándote en el pasado. Porque en mí presente ya no estás, y si hablamos de las ganas son casi inexistentes para vos.

Cómo me gustaría que no fuese así.

Tengo que respetar tu decisión, y eso voy a hacer. Voy a seguir adelante, con o sin vos. Porque claro está que mí corazón aún te espera.

Voy a ponerle el pecho a las balas, voy a ignorar tus llamados de atención que no concluyen en nada, en absoluto.

Voy a ir a la cama sin pensar en un beso tuyo antes de dormir. Te lo prometo. Voy a levantarme y sin pensar en vos.

Todo eso voy a hacer, el día que deje de doler.

Un día su corazón ya no pudo más.

Nadie sabe si murió de tristezas, rabia, bronca, dolor…

Vaya uno a saber con cuánto dolor cargaba, y cuánto miedo cargaría, mas con cuánta pena tendría que seguir lidiando si el pobre aún latiera.

Es difícil imaginar cómo se debe haber sentido. Toda su fuerza perduró hasta que él mismo dio por terminado el esfuerzo, pensó quizá que nunca sería suficiente o que ya habia bastado, sólo él y quien poseía ese enorme corazón sintieron más fuego que el mismo sol.

Y quemándose cada día un poco más se sostenían uno a otro, porque por más irónico que suene sus ganas de vivir superaban las de cualquiera en la tierra, pero claramente… Éste no era su lugar.

Y fue así que se apagó para siempre; pues él ya estaba muerto.

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